Bajo la apariencia de un ensayo sobre la brujería y con imágenes inspiradas en una extensa colección de pinturas y grabados antiguos, Christensen elaboró una de las obras más audaces y blasfemas de todos los tiempos. Las torturas de la inquisición, las diversas encarnaciones del demonio (interpretado por el director), la elaboración de inmundas pociones y los delirios de monjas poseídas son algunos de los muchos episodios inolvidables del film.
Haxan, Suecia, 1922 de Benjamin Christensen, c/Benjamin Christensen, Maren Pedersen, Elith Pio. 80’.